Fuente: El Heraldo de México
Otros temas en los que los especialistas en China han concentrado su atención es el efecto de su programa “La nueva ruta de la seda” (Belt and Road Initiative) y la cooperación derivada de ella en Asia y Asia Central.
Escribo esta columna en medio de una serie de discusiones sobre el papel de China en el mundo.
Muchos temas para dos días de trabajo en el marco del “Primer Seminario Global de Jóvenes Académicos”, organizado por el Instituto de Desarrollo de la Universidad de Fudan, China, celebrado durante los días 24 y 25 de mayo pasado y al que fui invitado en calidad de ponente.
A diferencia de otros eventos a los que he acudido en los últimos años, en donde se discutía el rol de China en la gobernanza global, en esta ocasión, el énfasis de la mayoría de los ponentes subraya la responsabilidad compartida de este país en los equilibrios de poder en el mundo con miras a ocupar un papel hegemónico.
De los temas tradicionales de China en el mundo como comercio, inversión, cultura, migración, etc., ahora se usan categorías no tradicionales de análisis, como las inversiones chinas para la preservación de la paz o la compleja burocracia china y su sistema de toma de decisiones (Ministerio de Comercio, gobiernos locales, firmas y asociaciones globales).
Otros temas en los que los especialistas en China han concentrado su atención es el efecto de su programa “La nueva ruta de la seda” (Belt and Road Initiative) y la cooperación derivada de ella en Asia y Asia Central.
Destaco el caso del proyecto de denominado Cooperación Económica China-Pakistán (CPEC, por sus siglas en inglés) que inició en el año 2013 y que al cierre de 2017 ha tenido una derrama económica de alrededor de 80 billones de dólares (Hussain, Ejaz, 2018).
Este programa, tal y como lo dejé ver en mi pasado artículo publicado hace 15 días en este espacio, denominado Indo-Pacífico, ha despertado la reacción de India, que a través de su estrategia geopolítica busca neutralizar una posible alianza entre China, Pakistán y en un futuro cercano, de estos dos países con Arabia Saudita.
Lo que de alguna manera afectaría los equilibrios de poder en medio oriente más aún cuando existe el riesgo de una nueva escalada en los conflictos en la región por la posición de Estados Unidos con respecto a la fractura con Irán debido a la desconfianza estadunidense con respecto a su programa nuclear.
América Latina no pasó desapercibida. Se dejó constancia de la estrategia de China en la región a través del comercio, las inversiones y la cooperación internacional.
Sin embargo, se habló del paralelismo y experiencia china en África como un marco de referencia para la experiencia latinoamericana, lo cual, me pareció una magnifica oportunidad para dimensionar las fortalezas y debilidades de lo que podría representar este tipo de modelo de cooperación en el caso de México y América Latina.
China representa una gran oportunidad, más aún ante las divergencias con Norteamérica.
Empero a ello, debemos dimensionar y saber qué si se puede y qué no en un entorno complejo de nuestro país y en donde se está por delinear la estrategia de México en el mundo, que dicho sea de paso, parece inexistente en la mayoría de los planteamientos de los que aspiran a gobernar en los próximos seis años.
Lejos de estar en las discusiones (Estado del Arte) geopolíticas y geoeconómicas, acabamos viéndonos al ombligo y lo global, lo reducimos a nuestra asimétrica y compleja relación con Estados Unidos.
Esto no sucede en China, que, a través de sus centros de pensamiento, como lo es el Instituto de Desarrollo de la Universidad de Fudan organizan eventos de una gran envergadura intelectual como lo es el Foro de Shanghái del cual daremos cuenta en nuestra siguiente entrega.
Por: Adolfo Laborde




