Una de las tantas virtudes chinas, derivadas de su milenaria historia, radica en su pragmatismo y en su capacidad de encarar sus objetivos por medio de estrategias de largo plazo, fijando metas sin tiempo. No debe olvidarse que Deng, el Pequeño Timonel e impulsor del desarrollo chino, sostenía que para lograr algo, debemos ocultar nuestras capacidades y esperar que llegue nuestro momento. Pero hoy no solo le resulta imposible al gigante asiático ocultar sus capacidades financiera, económica y comercial (como segunda economía planetaria), sino que también comienza a hacer uso de la misma para posicionarse de manera ostensible en el mundo.




